DEVOCIONALES

  • Su amor triunfo, su Luz brillo
    Nuestra mente limitada difícilmente entendía que la muerte de Cristo traería la victoria. 

    Sin muerte no habría una resurrección, la derrota del enemigo ni el sacrificio perfecto.

    Sin ella, Jesús no hubiera manifestado su poder como Hijo de Dios ni habría cargado nuestro pecado ni derramado su sangre; ¡era necesaria para el triunfo de su amor!, fue el sello que comenzó con su nacimiento. 

    El poder que levantó al Mesías de los muertos transformó el temor en alegría. Sin embargo, nada de eso era posible sin amor, pero no cualquiera, sino el generoso, pleno y sacrificial; el que llevó a Jesús a dejar su comodidad y hacerse hombre en lugar de aparecer con su ejército de ángeles como esperaban los judíos. 

    Ese precioso Rey tuvo una existencia triunfal en un establo, montando un asno y clavado en una cruz. Aunque lo consideraban derrotado, venció a la muerte y al enemigo, lo expuso públicamente y le quitó los argumentos en nuestra contra, le ganó a la tentación y el pecado, sometió su humanidad y se levantó poderoso. Nos hizo más que vencedores para que disfrutemos y vivamos siendo luz. 

    Si donde estamos hay oscuridad, necesitamos evidenciar a Cristo. Es tiempo de gozarnos en lo que hizo; ¡celebremos su venida!

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Su amor triunfo, su Luz brillo
Nuestra mente limitada difícilmente entendía que la muerte de Cristo traería la victoria. 

Sin muerte no habría una resurrección, la derrota del enemigo ni el sacrificio perfecto.

Sin ella, Jesús no hubiera manifestado su poder como Hijo de Dios ni habría cargado nuestro pecado ni derramado su sangre; ¡era necesaria para el triunfo de su amor!, fue el sello que comenzó con su nacimiento. 

El poder que levantó al Mesías de los muertos transformó el temor en alegría. Sin embargo, nada de eso era posible sin amor, pero no cualquiera, sino el generoso, pleno y sacrificial; el que llevó a Jesús a dejar su comodidad y hacerse hombre en lugar de aparecer con su ejército de ángeles como esperaban los judíos. 

Ese precioso Rey tuvo una existencia triunfal en un establo, montando un asno y clavado en una cruz. Aunque lo consideraban derrotado, venció a la muerte y al enemigo, lo expuso públicamente y le quitó los argumentos en nuestra contra, le ganó a la tentación y el pecado, sometió su humanidad y se levantó poderoso. Nos hizo más que vencedores para que disfrutemos y vivamos siendo luz. 

Si donde estamos hay oscuridad, necesitamos evidenciar a Cristo. Es tiempo de gozarnos en lo que hizo; ¡celebremos su venida!

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El Paralítico de Betesda | Juan 5:1-18 | Reina Valera 1960
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