Fundamento Bíblico:
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Fundamento Bíblico:
"Mas busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas." — Mateo 6:33(RVR60)
"No temas, gusanillo de Jacob, y vosotros, pocos hombres de Israel; Yo soy tu socorro, dice Jehová tu Redentor, el Santo de Israel." — Isaías 41:14 (RVR60)
"La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden." — Juan 14:27 (NVI)
"Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman." — Salmo 122:6 (RVR60)
Usted ha tocado un punto central de la fe: Dios dio esa tierra a Israel.
La Biblia es clara al respecto. Desde el pacto con Abraham, el Creador del cielo y la tierra estableció una promesa territorial incondicional con el pueblo de Israel:
"En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates." (Génesis 15:18 RVR60)
Esta es una verdad teológica que no está sujeta a la votación de la ONU, a los decretos de los presidentes o a las líneas trazadas en un mapa político. La soberanía de Dios sobre la tierra es eterna.
Punto de Reflexión: La presencia de otros pueblos en la tierra, y los constantes conflictos territoriales, son un recordatorio de que, si bien la promesa de Dios es firme, Su plan a menudo se desarrolla en medio de la desobediencia y la imperfección humana. La existencia de un pueblo que se opone a Israel (independientemente de su origen histórico, que es un tema de debate secular) es, bíblicamente, parte de las pruebas que Israel debe enfrentar antes de la paz mesiánica.
El consuelo es este: La legitimidad de Israel no proviene de un reconocimiento humano, sino del Pacto Divino. El mundo puede intentar "borrar" o deslegitimar a Israel, pero la Palabra de Dios permanece.
El terrorismo y la negativa a entregar a los rehenes y sus cuerpos son ejemplos de una maldad que confronta directamente los principios divinos de misericordia y respeto a la vida humana.
Usted pregunta por qué hay un afán de borrar a Israel de la faz de la tierra. La Biblia identifica un enemigo espiritual, que se manifiesta en la historia a través del odio, el antisemitismo y la violencia extrema. Este espíritu maligno no se satisface con territorios, sino que busca la aniquilación del pueblo a través del cual vino el Mesías.
"No temas, gusanillo de Jacob, y vosotros, pocos hombres de Israel; Yo soy tu socorro, dice Jehová tu Redentor, el Santo de Israel." (Isaías 41:14 RVR60)
Punto de Reflexión: El horror de la matanza y la retención de los rehenes y cadáveres es un profundo recordatorio de que estamos en una batalla espiritual. Nuestra oración no debe ser solo por la intervención militar, sino por la manifestación del poder de Dios para doblegar el odio y liberar a los cautivos. La supervivencia de Israel, a pesar de la constante amenaza de sus enemigos, es un testimonio de la fidelidad del Único Soberano.
Usted señala con razón la aparente hipocresía o el "doble rasero" de la comunidad internacional (ONU, Europa), que condena y aísla a Israel por defenderse, mientras parece mostrar menos firmeza contra otras invasiones (Rusia en Ucrania, como ejemplo).
La ONU y la Paz Mundial: La ONU fue creada con el propósito de mediación y paz, pero está compuesta por naciones imperfectas con intereses propios. Cuando estas naciones actúan por interés político o conveniencia, el ideal de justicia imparcial se desvanece.
Contraste Bíblico: Jesús nos advirtió sobre la naturaleza del reino de este mundo:
"Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí." (Juan 18:36 RVR60)
Las decisiones de la ONU, la Unión Europea o cualquier otro organismo humano no pueden definir la justicia ni anular la verdad. Debemos reconocer que los sistemas humanos son falibles, inconsistentes y corruptibles.
El Consuelo del Creyente: Nuestra esperanza y nuestra paz no se basan en la imparcialidad de los hombres, sino en la justicia inmutable de Dios. Él ve la invasión de Rusia, la crueldad de Hamás y la condena de las naciones. Ningún acto de injusticia pasa desapercibido ante Su trono. Debemos orar por la paz de Jerusalén (Salmo 122:6), sabiendo que la verdadera Shalom solo vendrá con el regreso del Mesías.